cómo funciona

Vídeo / A prueba el Samsung SmartWatch Gear S

Por TLife.guruAutor

Maxwell Smart, el Superagente 86, seguirá prefiriendo el zapatófono. Pero James Bond y Mortadelo se volverían locos con este artilugio. Porque no hace falta acercar la boca a la muñeca como hacía David Hasselhoff en El coche fantástico para llamar a su socio rodante: a través el Samsung Gear S se puede hablar con una mano a la altura de la cintura, que viene a ser la del bolsillo del pantalón. Basta con tener el teléfono en las proximidades para que la función de la pulsera resulte eficaz. De hecho, el Smartphone es el aliado indisimulado del reloj: se parecen en la forma, en el fondo y en las prestaciones.

Si usted tiene un Galaxy Note de esos que caben con fórceps en el maletín o la mochila, este es el complemento ideal, mucho más manejable. Cualquier dispositivo de la gama superior al A5 es compatible con el Gear. Gracias a ese maridaje, ofrece notificaciones simultáneas, por lo que ya no tiene sentido agarrarse a la socorrida excusa: “Es que iba conduciendo”, “Es que no lo he oído”. Dispone incluso de función vibrador, para que la comunicación no languidezca nunca. Y la función agenda también es se revela como insustituible para evitar distracciones al volante, por ejemplo: un solo toque en la pantalla permite activar las notas de voz. El mismo conductor puede pulsar la pantalla y dictar un recordatorio: “Felicitar a mi jefe al llegar”. Hay gente para todo.

De paso, ese jefe con el que se lleva tan bien tampoco podrá reprochar al dueño del teléfono que no haya escuchado las noticias en el trayecto, porque el smartwatch incorpora un servicio de alertas con lo más destacado del día.

 En movimiento

Hemos probado los progresos de este wearable en algunas de sus otras facetas: la geolocalización y las prestaciones deportivas. Y, la verdad, el Samsung Gear S tiene mucho de madre. De repente, a media mañana, el ciudadano que se ha puesto un reto de caminante para cumplir a lo largo del día (en tiempo, en distancia o en pasos), siente cómo vibra la muñeca. Cuando gira la vista hacia el artilugio, comprueba el desastre: “Para lograr el objetivo de hoy (11.500 pasos) requiere 5 horas y 43 minutos”, le recuerda la pantalla. Por fortuna, hay mensajes más maternales: “Una hora inactivo”. Y, como queriendo compensar tamaño olvido, el artilugio es capaz de consolar con mensajes más reconfortantes, que premian el movimiento: “Vuelve la actividad”. “Consumo de calorías…”.

El cómputo de la combustión de calorías puede ser frustrante, pero también arroja satisfacciones. En el transporte urbano, por ejemplo, cuenta los pasos que ha hecho caminando y las calorías fagocitadas por el sprint para cogerlo. Y el GPS registra el recorrido, por mínimo que sea. En carretera, el navegador ayuda mucho, advirtiendo incluso de las obras que encontrará el vehículo en los siguientes kilómetros.

Curiosamente, lo más chocante del teléfono reside una de las facetas genuinamente telefónicas del artilugio: el teclado QWERTY. Es tan pequeño, que no resulta fácil atinar con las teclas. Pero ahí están los controles de voz para suplir esa deficiencia. Una vez más, la ciencia ficción acude al rescate.

Y otra pega: la función sleep. El aparato registra el tiempo inmóvil del usuario, no las horas reales que duerme, claro. Pero es un buen escudero de la persona con la que comparte habitación. Cuando detecta que está inmóvil, cancela todas las alarmas para no molestar a la otra persona. Lo dicho, como una madre.

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