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¿Por qué los fans de PlayStation odian la Xbox?

¿Es mejor la PlayStation o la Xbox?
Por TLife.guruAutor

En el mundo de los videojuegos también hay un Madrid-Barça. Se trata de la competición que desde hace 15 años libran Xbox contra PlayStation. Los seguidores de ambas consolas se enfrentan virtualmente en foros exagerando los aspectos positivos de cada una de ellas y criticando los puntos débiles el rival. Pero, ¿por qué los fans de PlayStation odian la Xbox y viceversa? ¿Se trata de un enfrentamiento tan sectario como el Mac vs Pc? ¿O es solo una lucha irracional?

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Todo comenzó en 2001. Microsoft por fin se atrevió a dar el salto a los videojuegos con la primera Xbox. Pocos años antes, la japonesa Sony se había adelantado con la PlayStation, que había conseguido lo imposible: plantar cara a Sega y a Nintendo, los grandes dominadores del mundo del pixel. La primera Playstation vendió en todo el mundo 102 millones de unidades, frente a las 9,2 millones que hizo la Sega Saturn y los 33 de la Nintendo 64.

La Xbox se puso a la venta cuando la PlayStation 2 llevaba casi dos años en el mercado, en los que había conseguido vender 20 millones de unidades en todo el mundo. Y a pesar de tratarse de una consola más nueva y potente, no pudo derrotar a su rival: se vendieron 155 millones de la japonesa por 25 de la estadounidense.

El punto álgido, con la ‘360’

La guerra Xbox contra PlayStation explotó de verdad en la siguiente generación de consolas. La PlayStation 3 y la Xbox 360 se enfrentaron en un duelo a muerte tremendamente igualado: las dos máquinas eran prácticamente iguales y solo se diferenciaban por detalles como el juego online (gratuito en un primer momento en la Ps3 y siempre de pago en Xbox) o las exclusivas: los poseedores del sistema de Microsoft tuvieron las sagas Halo y Gears of War, mientras que los de PlayStation disfrutaron de títulos como God of War o Uncharted.

Pero aunque las diferencias eran mínimas, los fans se enfrentaban en foros de Internet con una virulencia inusitada: se lanzaban comparativas gráficas de juegos multiplataforma como Grand Theft Auto IV, en los que se supone existían diferencias de rendimiento en favor de una o de otra (inapreciables al ojo humano) o discutían durante decenas de publicaciones sobre si un mando era más ergonómico que otro. La igualdad entre las máquinas se manifestó incluso en las ventas: la Xbox 360 ha vendido hasta la fecha 85 millones en todo el globo, frente a los 86 de la PS3.

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El fuego cruzado se multiplicó cuando salió a la venta la Xbox One y la PlayStation 4. Las escaramuzas en foros o en Twitter se multiplicaron y aparecieron unos “siniestros personajes”: los fanboys pagados por las compañías. Gente que solo se dedicaba a poner a caldo a la competencia para intentar influir sobre las decisiones de compra de los internautas.

Si decimos que la Xbox One vino al vino al mundo de nalgas, no estaremos exagerando ni un pelo. Fue anunciada en mayo de 2013 con unas novedades que no gustaron a casi nadie: primero, por el diseño, que a muchos les recordaba más a un reproductor betamax de los 80 que a un aparato de la segunda década de los 2000; segundo, porque más que una consola de videojuegos, parecía un sistema de entretenimiento en casa, más pendiente de agradar a los canales de televisión por cable que a los jugadores; tercero, por la absurda prohibición que impedía a sus compradores compartir un juego con un amigo o comprar un juego de segunda mano; y cuarto, porque muchos interpretaron que se trataba de un aparato de espionaje que debía estar conectado continuamente a Internet recogiendo datos sobre el uso que hacían de él sus propietarios, ya fuera respecto a los videojuegos o a sus hábitos televisivos.

Sony lo tuvo muy fácil y a las pocas semanas presentó la PlayStation 4 como todo lo contrario de lo que era la Xbox: una máquina pensada solo para jugar, que permitía el libre intercambio de videojuegos entre sus usuarios y que no necesitaba estar conectada a la Red para funcionar.

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Desde 2013 Microsoft ha enmendado sus errores: finalmente permitió la segunda mano en Xbox One, retiró la obligatoriedad de estar conectado a Internet e incluso anunció una función tan interesante como la retrocompatibilidad (que permite que los juegos de la Xbox 360 funcionen en ella). Pero todas estas medidas no han servido para frenar a su máximo competidor: la estadounidense lleva 20 millones de unidades facturadas por los 40 millones que lleva la nipona. Cifras bastante más comedidas que las de la generación anterior, porque parece que los jugadores prefieren otras plataformas, como el móvil o los ordenadores. Pero esa ya es otra rivalidad…

 

 

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