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Probamos ‘Quantum Break’, el nuevo ‘transmedia’ de XBox

Probamos 'Quantum Break', la 'serie' de Xbox One
Una escena de acción de 'QuantumBreak' (Xbox One).
Por TLife.guruAutor

Mando arriba. Presiono un gatillo y una burbuja temporal congela a un tipo con una metralleta hasta el punto de que veo las balas detenidas en su trayectoria. Mando abajo. El Meñique de Juego de tronos pierde la chaveta y mata con un pisapapeles a su mejor amiga. Entre estos dos movimientos, mando arriba y mando abajo, vive Quantum Break, la gran superproducción del videojuego de Microsoft para su Xbox One este 2016. Un juegoserie, una apuesta de ese palabro de moda llamado transmedia: contar una historia mediante más de un medio artístico. En este caso la idea es esta: un 70% del tiempo nos lo pasamos jugando y un 30% viendo una mini-serie de cuatro capítulos que cambia según nuestras decisiones en el juego.

En TLife llevamos un par de semanas dándole duro al mando. Y esto es lo que pensamos.

¿’Trans…’ qué?

Transmedia. Lo repetimos: contar una historia por más de una vía artística. Es algo que obsesiona mucho a los departamentos de marketing de las grandes marcas de esto de contar cuentos —Disney, Activision, Random House, Marvel…— y en el que un puñado de artistas tienen un interés artístico real por experimentar. Por ejemplo, los hermanos Wachowski, que en su ópera ciberpunk Matrix jugaron a las narrativas entrelazadas con un film de animación a la japonesa (Animatrix), un videojuego (Enter the Matrix) y las propias películas. Esto quiere decir que el videojuego que se publicó en 2003 no era una adaptación de la película, sino una historia paralela a ella. Si querías enterarte de todos los matices de este universo, tenías que ver/jugar todos estos títulos.

Quantum Break lo lleva a otro nivel, eso es verdad. En este sentido, es un videojuego que hace historia. O una seriejuego. O como queramos llamarlo. El peso de lo que jugamos es superior a lo que vivimos como espectadores de la serie que lo acompaña (70% / 30%, a ojo de buen cubero), pero eso no quita que la experiencia se sienta como algo muy distinto al tipo de transmedia light al que estamos acostumbrados los fans de estos experimentos.

¿Cómo lo vives? Te contamos los detalles. Imagina que estás jugando una secuencia de acción, en este caso una de tiros en la que además puedes manipular el tiempo. Acabas tal secuencia, investigas un poco, hablas con tal o cual personaje y te acabas un capítulo del juego —tiene cinco—.  A continuación, pasas a jugar la historia desde el punto del villano y tienes que elegir un dilema ético: matas o no matas a alguien, confías o no en un subordinado, etc. Una vez tomas la decisión, un capítulo de serie televisiva, con actores de carne y hueso, se carga. Y lo que te cuenta depende de lo que hayas decidido. Así es el transmedia en Quantum Break.

¿Y funciona o es de pegote? 

Aquí viene la madre del cordero. Quantum Break funciona… a rachas. Por un lado, es un juego que cuenta una historia magníficamente bien, mucho mejor que muchas pelis o series palomiteras que nos tragamos desde la butaca o el sofá. El argumento, además, engancha. Imaginemos que un tío inventa una máquina del tiempo en 1999 e inmediatamente se ve envuelto, y casi asesinado, por culpa de las consecuencias que ha tenido su invento recién activado, consecuencias que ya han viajado desde el futuro a él para morderle el trasero.

Imaginemos que unos años después, su hermano, que no tiene ni idea de todo este lío temporal y que además no se habla con su congénere, visita por primera vez su ciudad natal desde la muerte de sus padres para encontrarse con un amigo de la infancia líder de una corporación que ha fabricado… Exactamente, una máquina del tiempo. Y ahora imaginemos que lo liamos todo con una chica que se desdobla en pasado y futuro, unos grafitis proféticos y un supuesto fin del mundo que tiene una fecha muy cercana, un fin del mundo en el que el tiempo dejará de existir.

Los mimbres son acertados y cómo se ejecutan también. El casting de actores —con secundarios de lujo como el hobbit Dominic Monaghan o el X-Men Shawn Ashmore— está realmente enchufado. Transmiten emoción en cada escena. Empatizas con ellos. Y el argumento, que debería ser enrevesado, se cuenta con mucha claridad sea uno o no experto en tramas de ciencia ficción.

Lo malo es… Lo malo es el balance entre pasivo-interactivo. Cuando jugamos, con el cambio cosmético solo del escenario en el que estamos, Quantum Break realmente solo tiene tres niveles: disparos, saltos y exploración. Empezamos por el último, el más aburrido. Se trata de vagar por escenarios preciosos (el aspecto visual de este juego es de peli de Hollywood en movimiento) y encontrar unos cuantos objetos interactivos (ordenadores con emails, máquinas de tiempo con interruptores, diagramas en pizarras). Poco excitante.

Los saltos (que son pocos)

Vayamos a los saltos, que hay pocos (un par de escenas), pero muy espectaculares. La idea es vivir una escena a lo Indiana Jones en la que pasa algo muy loco (un enorme barco que se carga un puente, por ejemplo) en medio de una congelación temporal. Imagínate saltar de capó en capó de coche despedidos por el aire mientras ves cómo el casco del barco avanza hacia atrás y hacia delante como si fuera un VHS mal rebobinado. Impresiona, pero los controles en estos segmentos son poco precisos y a veces se muere sin que sea culpa del jugador. Y vayamos a lo mejor de la cuestión, el combate. La verdad, te sientes un superhéroe. Corres más que las balas, detienes el tiempo, lanzas descargas cuánticas, desarmas enemigos en un pestañeo antes de que acierten a moverse… Pero solo hay cuatro tipos distintos de amenazas a las que enfrentarse y, normalmente, los tiroteos transcurren en áreas demasiado parecidas, muy horizontales en la disposición de los soldados a eliminar.

Y entre esta parte interactiva, algo coja, los minicapítulos de serie en imagen real y las muchas secuencias cinematográficas con los gráficos del juego, que son el verdadero motivo para disfrutar de Quantum Break.

Vamos, que la parte que jugamos nos importa menos que la parte que vemos. Y eso hablando de un videojuego es un problema, claro.

Conclusión

Quantum Break me ha obligado a añadir una nueva luz a mi semáforo de recomendaciones. No puedo decir que sea una compra segura, que recomiendo al 200% a cualquiera. Pero también me parece injusto tacharlo de Para pensárselo, porque si tienes una Xbox One, y aunque la cosa no sea perfecta, merece mucho la pena zambullirse en él por el apartado visual, la estupenda historia y esta apuesta tan rara (que en el futuro saldrá mejor) de mezclar serie y juego. Casi 60 euros por un capricho no es poca pasta. Pero Quantum Break ofrece, en cierto sentido, una nueva manera de organizar una historia. Probarlo no está de más.

QUANTUM BREAK

PLATAFORMAS: XBOX ONE

PRECIO: 59,99 €

RECOMENDACIÓN: MERECE LA PENA

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TRIVIA
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