ANÁLISIS

VÍDEO / El personaje que nunca se llevará un Oscar

Por TLife.guruAutor

Qué negro lo tenía el pobre BB-8. Competir con R2-D2 y C-3PO en carisma. Convencernos de que no iba a ser una copia descafeinada de los robots más míticos de Star wars sino un androide capaz de aguantar el tipo. Lo tenía negro, sí. Pero le salió de pana. Como pasó con la película en la que debutó, Star wars Episodio VII. El despertar de la Fuerza, BB-8 ya se ha hecho un fenómeno mediático con su vida propia. Prueba es su salto a la fama incluso antes de que se estrenara el nuevo episodio de la saga galáctica gracias a este juguete inteligente que analizamos en T-Life.

Wired, Polygon o Forbes se rindieron a este smart toy. Vídeos y vídeos de unboxing lo han vendido como la panacea. ¿Está de acuerdo este gurú de T-Life? La versión corta: No. Pero hay matices.

BB-8 es un producto excelentemente cuidado. Resistente, porque le dimos caña en la review con caídas desde diversas alturas (algunas accidentales y otras no tanto) y no se rompió ni una antena. Preciso en la respuesta a los controles, tal vez demasiado preciso. Y divertido, verlo marcarse un baile o girar la cabeza negativamente a una orden es de lo más gracioso.

Ahora bien, a todas estas virtudes hay que sumarle su precio: 169 euros. Y ahí ya la cosa empieza a fallar.

Vayamos paso a paso, viendo lo que este BB-8 de la compañía Sphero puede hacer.

¿PARA QUÉ SIRVE?

Fundamentalmente, para moverlo como un extraño coche teledirigido. Se controla con una app gratuita, para iOS y Android, con diversas opciones. Drive es exactamente eso, con un control circular, tal vez extremadamente sensible, hacemos rodar al Sphero de un lado a otro. Patrol permite que el androide tome el control y se mueva por su cuenta en una zona. Pero su habilidad para evitar obstáculos es bastante limitada y suele chocarse, aunque es tan robusto que no casca.

Las dos últimas opciones son las más llamativas… e inútiles. La primera es crear mensajes holográficos al estilo azul eléctrico de Star wars. El problema, que evidentemente solo pueden verse apuntándole con una pantalla externa con cámara; o sea: smartphone o tablet. Además, necesita ser potente. Mi Aquaris B5 no era capaz de proyectar en frente del BB-8 ni los mensajes pregrabados (un bonito X-Wing tridimensional que se movía casi a fotograma por minuto), ni hablar ya de dejarme grabar mi cara y transformarla en un holograma. La otra es la posibilidad de hacer que BB-8 haga una serie de trucos predefinidos, la versión androide de dar la pata. Entre ellos, negar con la cabeza o marcarse un bailecito circular. Divertido, claro que sí. Para un par de minutos.

¿PARA QUIÉN VALE? 

Hete aquí el quid de la cuestión. Esto, por mucho que intenten convencerme de lo contrario, no es un muñeco para chavales. Es más un artículo para coleccionistas frikis en los treinta y… gente como yo mismo, que a lo mejor de tanto en tanto se pueden permitir algún capricho caro de su afición. Pero no tiene ningún sentido comprarle un muñeco así a un niño porque sus posibilidades se agotan en hora u hora y media. Hora y media que nos habrá salido a casi dos euros el minuto. Mal negocio. Sobre todo cuando una Nintendo 3DS cuesta 10 euros menos y asegura, aun con el gasto añadido de los juegos, muchísimas más horas de diversión. Así que el target de este BB-8 me parece bastante desnortado. Como capricho para frikis adultos es caro. Y como juguete para niños, aunque deslumbrante en el arranque, acabará siendo aburrido.

CONCLUSIÓN

La fusión físico-digital en los juguetes es un hecho. No solo un hecho, un negocio de miles de millones de euros, gracias al éxito de los juguetes conectados en videojuegos como Skylanders, Disney Infinity, LEGO Dimensions o los famosos Amiibo de Nintendo. Pero estamos en la primera ola, y por tanto aún lejos del refinamiento de la idea. Si el problema de los juguetes de Skylanders y compañía es que su interacción con el juego es poco más que dejarlos quietos en una caja, con el BB-8 pasa que no deja abiertos muchos caminos a que la fértil imaginación infantil se dispare. Funciona muy bien, pero sin un propósito claro. Y es caro de narices. La misma pasta invertida en LEGO o menos sale mucho más rentable para el chaval.

BB-8 

PLATAFORMAS: JUGUETE+’APP’

PRECIO: 169,95 €

RECOMENDACIÓN: PARA PENSÁRSELO

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TRIVIA
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